Para muchos osteópatas de habla hispana, Antonio Arcos Contreras es “el osteópata de Instagram”. Sus videos acumulan miles de seguidores porque logra algo poco habitual: explicar relaciones complejas del cuerpo humano con una claridad sorprendente y, además, con una pasión contagiosa.
Pero detrás de esa capacidad para “atar cabos” hay más de tres décadas de observación clínica, docencia e investigación. Fundador de la Escuela y Clínica de Psico-Osteopatía (EMPO), en Barcelona, Antonio ha desarrollado una forma muy particular de entender la osteopatía, donde estructura, función, emoción y experiencia vital forman parte de un mismo lenguaje.
Su manera de explicar parece sencilla. Sin embargo, detrás de cada razonamiento hay años de consulta, estudio y una curiosidad inagotable por comprender por qué una persona duele donde duele y qué historia puede estar expresándose a través de ese dolor.
En esta conversación hablamos sobre sus comienzos inesperados en la osteopatía, el nacimiento de EMPO, el papel de las emociones en la práctica clínica, la enseñanza, la espiritualidad y el futuro de una disciplina que, según él, seguirá creciendo mientras existan personas que quieran recuperar su salud.
Osteopatía: Queremos empezar por el principio. ¿Cómo conociste la osteopatía?
Antonio: Llegué a la osteopatía a través del amor (ríe). Yo vivía en un pueblo de 3.000 habitantes, en Almería, Andalucía, trabajando en una empresa de plásticos. Con 16 años me enamoré de una catalana que veraneaba allí, a 915 kilómetros de mi casa. Fue un amor de verano y ahí quedó la historia.
Pero años después fui a visitarla a Barcelona y volvió a surgir la chispa. En uno de mis viajes para verla, con 21 años y siendo practicante aikido, me recomendaron buscar en Girona a un profesor que era muy bueno. Lo busqué durante una semana por todos los dojos hasta que lo encontré.
Resultó ser un osteópata francés extraordinario, además de practicante y profesor de artes marciales desde muy joven. Fue un flechazo. Sentí una conexión especial con él. Empecé acercándome por las artes marciales y, con el tiempo, terminé acercándome a la osteopatía.
Yo estaba cómodo en mi trabajo. Ganaba bien, mi vida estaba ordenada y jamás imaginé que sería osteópata. Pero un día este maestro decidió abrir una formación de osteopatía en Almería a pedido de algunos alumnos. Éramos apenas cinco estudiantes. Así comenzó toda esta aventura: con 24 años, en un pueblo en el sur de España, en un departamento vacío que tenía en ese entonces mi hermano. Estudiábamos osteopatía durante el día y practicábamos artes marciales por la noche.
Osteopatía: ¿Te imaginabas que aquel comienzo iba a transformarse en lo que sos hoy?
Antonio: Nunca. En absoluto.
Terminamos la formación en 2001 y me trasladé a Barcelona. Los comienzos fueron difíciles, pero en 2009 las cosas dan un vuelco. Yo daba clases en dos escuelas y el director de una de ellas falleció. Los alumnos quedaron un poco perdidos y sentí que era el momento de crear algo propio. Así nació EMPO. Lo que ocurrió después fue increíble. Ya llevamos más de diecisiete años y la escuela no ha parado de crecer. Hoy me conoce gente de muchísimos lugares del mundo y todavía me sigue sorprendiendo.
Osteopatía: En tus videos pareciera que conectar un síntoma con una posible causa te sale de manera muy natural. ¿Siempre fue así?
Antonio: No, claro que no.
Lo que ocurre es que llevo muchos años observando. Recuerdo perfectamente pacientes que venían con dolores que nadie conseguía resolver. Por ejemplo, una persona con un dolor sacroilíaco persistente. Yo le decía: “No voy a tratarte el sacro. Solo voy a trabajar la boca. Y además no te voy a cobrar porque quiero comprobar una hipótesis”. Trataba únicamente la boca y el dolor desaparecía.
En mis comienzos no entendía por qué ocurría. Pero con los años fui comprendiendo las relaciones. Entendí los mecanismos, el porqué de las cosas. Y de ahí nace también mi necesidad de enseñar. Hoy en día la flecha la tengo clara. Puedo equivocarme, por supuesto, pero normalmente tengo clara la dirección del tratamiento. Sé por qué algo mejora y también por qué algo no mejora. Eso requiere tiempo, creo que hacen falta unos quince años de consulta para empezar a tener esa seguridad. Es un camino para toda la vida.
Osteopatía: ¿Cómo pasaste de una osteopatía más tradicional a desarrollar la Psico-Osteopatía?
Antonio: Fue un proceso gradual. Para explicártelo debería contarte varias historias, pero vamos con una. Recuerdo una paciente a la que estaba evaluando desde la posturología. En una consulta me comentó que había usado chupete hasta los nueve años. Mi intuición osteopática me pidió que la acostara en la camilla y trabajara determinadas estructuras del maxilar y la cara. Mientras la trataba comenzó a notar sensaciones en las rodillas. Diez minutos después estaba mejor y las pruebas posturales habían cambiado. Ese caso me hizo pensar mucho.
Ahí decidí dejar de buscar respuestas fuera de la osteopatía y profundizar todavía más dentro de ella. Empecé a descubrir relaciones que podían explicarse desde una mirada puramente osteopática.
Osteopatía: ¿Y cuándo aparecen las emociones en tu trabajo?
Antonio: Durante el primer año no trabajé nada relacionado con emociones. Pero un día llegó una paciente con una neuralgia en el colmillo derecho. Clínicamente el diente estaba bien. Entonces le pregunté si estaba enfadada por algo. Me contó que su marido le había sido infiel. Ella decía haberlo perdonado y yo le creí. El perdón era sincero. Pero su cuerpo todavía no había soltado ese enojo. Trabajando sobre el hígado el dolor desapareció completamente.
Ese caso fue decisivo para mí porque dejé de trabajar la relación entre diente y articulación y empecé a interesarme por la relación entre diente, órgano y emoción. Además, ocurría algo curioso. Trataba un órgano o una articulación y, en la consulta siguiente, el paciente volvía diciendo:
"Estoy mejor del dolor, pero desde que me trataste no paro de acordarme de mi padre y de llorar."
Ahí empecé a notar que cuando movilizaba la memoria que había en el órgano, a la persona le venía la emoción que no había podido expresar y entendí que el dolor de hombro era el llanto, la ira, o la culpa que la persona no verbalizaba. Necesité adentrarme en centros de energía para poder entender la parte psicocorporal, uniendo lo físico, lo psíquico y lo emocional.
Osteopatía: ¿Nunca te dio miedo abrir procesos emocionales profundos en una consulta?
Antonio: No.
Porque la persona no decide abrirse racionalmente. Si se abre contigo es porque puede hacerlo contigo. El ELLO o el inconsciente de la persona te elije. Otra cosa es que tú tengas que aprender a sostener eso. Y ahí sí hay una responsabilidad.
Si alguien viene con dolor y está atravesando una situación muy difícil —una herencia complicada, un conflicto familiar, una separación—, yo no voy a luchar contra su realidad, no puedo. Lo que sí puedo hacer es acompañarlo. Hay momentos en los que el papel del osteópata no es curar, sino sostener, orientar y ayudar a la persona a atravesar lo que está viviendo.
Osteopatía: Hablemos de tu libro. ¿Cómo nació La Columna Cerebral?
Antonio: La idea empezó muchos años antes de escribirlo. Recuerdo la primera vez que vi la vértebra dorsal 12, y esto es algo que cuento muchísimo en clase. Pensé que estaba rota, era tan diferente de las vértebras vecinas que no podía creer que fuera así. Entonces me pregunté: “¿Por qué es diferente?” y empecé a investigar.
Cada año profundizaba en una vértebra, en una relación, en un detalle anatómico. Leía, observaba pacientes y seguía investigando. Tengo una memoria muy particular. Probablemente mañana me olvide de tu nombre, pero si me cuentas una historia importante de tu vida la recordaré durante años. Recuerdo historias. Recuerdo relaciones y creo que eso ha sido fundamental para escribir este libro.
Estoy convencido de que La Columna Cerebral marcará un antes y un después en la osteopatía vertebral. Es una obra profundamente osteopática, basada en observación clínica, experiencia y estudio. Es el puente entre Still y Kapandji.
Osteopatía: Acá sos bastante famoso. Muchos te conocen como “el osteópata de Instagram”.
Antonio: Todavía me sorprende muchísimo.
La primera vez que fui a Argentina fue gracias a Rocío Toyos. Organizamos un curso y las plazas se agotaron el mismo día. Abrimos una segunda fecha y volvió a llenarse. Cuando llegué me encontré con algo que no esperaba: una comunidad enorme de osteópatas que seguía mi trabajo. Además, desde hace años llegan estudiantes argentinos a EMPO, No falla, cada año vienen varios.
También tengo una relación muy especial con Argentina. He tenido grandes amigos argentinos, mi guía espiritual era argentino, mi maestro de centros de energía también lo era y hasta el ilustrador de mi libro es argentino. Por eso siento que la Psico-Osteopatía está muy en casa cuando viajo allí. Es por eso que en octubre o noviembre de este año volveré a la Argentina.
Osteopatía: Muchos osteópatas argentinos y del mundo luchan por el reconocimiento y la regulación profesional. ¿Qué opinión te merece ese debate?
Antonio: Es un tema complejo. Creo que existen personas que estudian para aprender y otras que estudian para sentirse validadas, necesitan de un reconocimiento, casi como el paterno. Entiendo perfectamente la necesidad de reconocimiento institucional. Pero para mí la osteopatía es algo mucho más profundo que una regulación administrativa. La medicina osteopática para mí no necesita regulación. No es la medicina alopática, ni la homeopática, ni la china. Es otra forma de abordar el cuerpo y al paciente. Eso es la osteopatía pura y dura. En España tarde o temprano se va a regular, pero creo que todavía va a tardar. Nadie puede abarcar toda la osteopatía, es imposible. Tú vas a encontrar tu osteopatía, no la mía. Vas a encontrar la que te sirve. Y como bien has dicho es artesanal, entonces vos pondrás tu tinte, tu identidad dentro de tu consulta, y por ello te van a buscar tus pacientes.
Osteopatía: Hablando de la clínica. Si llega un paciente con Parkinson, por ejemplo, ¿abordas pensando en la enfermedad?
Antonio: No. Como osteópata, concéntrate en la salud, deja la enfermedad para los demás. Salvo que estemos realizando un estudio específico sobre una patología determinada, nuestra atención debe dirigirse a la salud que todavía está presente en la persona. Ese es nuestro campo.
Osteopatía: ¿Cómo era Antonio antes de la osteopatía y cómo es hoy?
(Esta vez Antonio hace una pausa larga antes de responder.)
Antonio: Es una buena pregunta. La osteopatía me permitió descubrir la historia que había dentro de las personas. Y al mismo tiempo me obligó a mirar mi propia historia. Fue como verme en un espejo y entrar en crisis. Entender quién soy, quien quiero ser. Acompañar a donde quiere ir el cuerpo y de esa manera regularme. Eso nutrió mucho mi ser. Creo que la osteopatía me permitió descifrarme a mí mismo a través de mis pacientes. Y hoy, cuando alguien entra en mi consulta, lo primero que busco es encontrar ese vínculo humano que nos conecta. Cuando aparece, entonces empieza el verdadero trabajo.
Osteopatía: Still hablaba de medicina, pero también de espiritualidad. ¿Hay algo de magia en la osteopatía?
Antonio: No lo creo. Estoy seguro. El cuerpo humano no puede existir por evolución. Matemáticamente es imposible. ¿Y que es entonces lo que nos hace ser quiénes somos? ¿La magia? Déjame contarte una historia.Un filósofo alemán estudió tiro con arco durante años con un maestro oriental. Cuando finalmente realizó lo que llamaban un “tiro espiritual”, sonrió orgulloso. Entonces el maestro se acercó y le dijo:
"¿De qué te ríes? ¿Crees que has sido tú quien lanzó la flecha? No has sido tú. Ha sido ELLO."
Para mí eso es real. Muchas veces, cuando hacemos osteopatía, creemos que somos nosotros quienes actuamos. Pero no es así. Hay algo más profundo que opera a través de nosotros. Por eso, en esta etapa de mi vida, estoy intentando desprenderme cada vez más de lo que creo saber.
Osteopatía: ¿Y cómo se maneja el EGO cuando pasan “milagros” en la consulta?
Antonio: Alegrarse por un trabajo bien hecho, es tan legitimo como entristecerse por una que no va bien. Yo le explico a los pacientes que si va bien yo también estoy bien, pero si va mal, yo también me entristezco porque va mal. Todos ganamos cuando el paciente se siente bien. Otra cosa es que te quiera poner un monumento (se rie) ese es un tema del paciente.
Osteopatía: ¿Qué te gustaría para el futuro de la osteopatía? ¿Y qué te gustaría para tu propio camino?
Antonio: Todavía me quedan, si Dios quiere, cuatro libros más por escribir. Tengo muchísimo por explicar y transmitir.
Y respecto al futuro de la osteopatía, soy optimista. La disciplina seguirá existiendo porque es excelente. Podrá haber mejores o peores osteópatas, pero la osteopatía seguirá funcionando, porque al final todos buscamos lo mismo: tener salud. Si tienes buenas manos, sabes lo que haces y sabes acompañar a las personas, tu trabajo crecerá con los años. La osteopatía tiene mucho futuro.
Epílogo
Después de décadas de consulta, docencia e investigación, Antonio Arcos sigue hablando de la osteopatía con el entusiasmo de quien siente que todavía queda mucho por descubrir.
Mientras proyecta nuevos libros y continúa formando profesionales a través de EMPO, mantiene una idea que atraviesa toda su trayectoria: la osteopatía no consiste únicamente en corregir estructuras, sino en aprender a leer las relaciones que dan sentido a cada persona.
Quizás por eso sus alumnos y seguidores encuentran tan atractiva su manera de enseñar. Porque detrás de cada síntoma, Antonio busca una historia. Y detrás de cada historia, una relación todavía por comprender.
Con nuevos proyectos en marcha y una nueva visita a Argentina prevista para los próximos meses, su curiosidad sigue intacta. La misma curiosidad que comenzó hace décadas en un pequeño pueblo de Andalucía y que terminó convirtiéndose en una de las voces más reconocidas de la osteopatía en habla hispana.


Entrevista a Antonio Arcos Contreras DO
por Clarisa Dandolo